Aurelia Snaidero
Hombre que así caminas
creyendo que tu fealdad te discrimina.
No conoces el dicho,
que el hombre, cuando mas feo, mas hermoso!
No sabes del deleite que siente una mujer,
al descubrir de a poco, La belleza escondida
dentro del corazón de ¿ese hombre?
No entiendes el cansancio que causa en la mujer,
esos hombres que creen, que a todo el mundo gustan
porque tienen aspecto de galán del Edén?
Si en la mujer es vana, esa frívola coquetería,
cuanto más en el hombre.
El debe ser bastión, fue puesto en el mundo,
para cuidar de flores, no para ser flor, el.
Preocúpense los hombres,
de llenar de belleza sus pensamientos.
De no ser duros nunca,
a veces se confunde, brusquedad con firmeza.
Nada más lejos de la verdad,
las mujeres se rinden, solo ante la ternura.
Deben alimentar con sabia
y sana enseñanza, sus intelectos.
Traten de tener un corazón, que justifique,
el que Dios los pusiera por cabeza.
Cuando una REAL mujer, ve todo eso,
se enamora del hombre, aunque no quiera.
Se siente unida a él, ansia compartir toda su vida,
por la hombría de bien, que el refleja.
Porque se de cuenta o no, es volver a vivir,
lo que una vez paso, en el Paraíso.
Cuando Dios, en su soberanía,
durmió al hombre y formo a la mujer de su costilla
Hombre…quieres obtener la verdadera belleza?
¡Ama a Dios y descansa en El!.
Había una vez, un hombre, que se sentía feo.
Un hombre, que salía de noche,
para que la luna lo ocultara.
Que lloraba en las sombras,
por sus temores.
Que rompió todo espejo,
para no reflejarse jamás en ellos.
Vivía solo y triste en un cuartucho,
sin más compañía, que sus complejos.
En sus sueños veía, casas suntuosas,
se veía bailar con mujeres hermosas.
Nunca boca femenina, tocó sus labios,
nunca manos de seda, lo acariciaron.
Era tal la sequía, de esa su alma,
que por un beso diera, su vida misma.