Autoridad: ¿Privilegio o castigo?
Aurelia Snaidero




 


El diccionario dice al respecto de Autoridad: 
Potestad de dirigir u ordenar,
inherente o delegada.

La vida muchas veces pone al ser humano ante roles, 
cargos, situaciones, 
a los cuales debe dar soluciones,
obrando como la única autoridad responsable.

Dependiendo de su inteligencia 
y del “bagaje” de  conocimientos, madurez,  
valores morales, (la tan escasa ética), 
carisma, agudeza  y sentido común 
y de la tan importante sabiduría 
(inteligencia para usar 
el conocimiento en el momento indicado), 
se podrá hacer uso de una verdadera autoridad 
con éxito.

Ahora pregunto:
 ¿éxito para quien?...para la familia?
la empresa?..el Estado?..para los que constituyen 
“el  prójimo”, o solo para el mismo?

Para lo que su “hambriento ego”, 
¿reclama constantemente?

El mundo esta lleno de hombres y mujeres 
con una capacidad innata de ser líderes, 
que luego se convierten en hábiles,
depredadores de la sociedad 
y que por desgracia, 
esa misma sociedad los ensalza 
y los sube a pedestales, 
desde donde estas personas 
sin escrúpulos, hacen de las suyas.

Podríamos definir aquí quién es más culpable?

El diccionario cristiano dice, 
con respecto a Autoridad: 
Toda la autoridad pertenece a Dios. 
Son múltiples las esferas 
en las que se ejerce la autoridad 
y todos los depositarios de ella 
tienen ante Dios, 
una profunda responsabilidad 
por el modo de ejercerla.

El desconocimiento o el “menefregismo” 
de la Santa Palabra de Dios, 
oscurece la claridad del líder
 y de quienes lo apoyan. 
Aún los que se dicen ateos, 
tienen en sus conciencias, 
una porción de conocimiento 
sobre el mal y el bien, 
no es nada nuevo que la conciencia 
se va cauterizando, 
endureciendo con cada acto inmoral, 
delictivo, que se realiza o se aplaude.

Es hora que tomemos las riendas 
de nuestras vidas 
tanto personal como a nivel social. 
Realicemos que somos un cuerpo, 
que nuestra cabeza es Cristo, 
somos sus manos, 
sus piernas, para correr, 
hacia adonde ¡nos necesiten!

Cuando El venga por su pueblo, 
no vendrá por tal o cual iglesia, 
ni por esta o aquella denominación, 
solo se llevará con El, 
a gente que se haya refugiado atrás
de su sacrificio expiatorio en la cruz 
y que le hayan sido fieles hasta el fin, 
amándolo a El, 
a través de amar a sus semejantes.

Galatas 6:7 dice:”No os engañéis; 
Dios no puede ser burlado: 
pues todo lo que el hombre sembrare, 
eso también segará”.

¡Dios los bendiga!   

    
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