Aurelia Snaidero
Cuando manos asesinas destrozan vida latente.
El Señor envía un ángel, que lleva en sus manos un cofre.
Cuando ese ser inocente, queda inerte…sale de él, como una niebla azulina.
Que el ángel mete en el cofre y vuela con él al cielo.
Al llegar…es tal el gozo de los seres celestiales.
La presencia del Señor, llena de paz el momento.
Y en un segundo, el Señor reviste de cuerpo espiritual, perfecto.
A ese niño, despreciado por sus padres.
Dios tiene un cielo, para los niños.
Esas bellas criaturas, que el egoísmo humano no permitió nacer.
¡Es un lugar hermoso!...lleno de flores.
Donde aves cantarinas, se posan por doquier.
Hay Ángeles jugando…
Llenando de caricias a esos pequeñuelos, que volaron al Padre…
Al verse rechazados en su hogar terrenal.
Reciben enseñanzas, de diferentes cosas
Allí nada es estático, hay movimiento de vida.
La música se mece entre las flores y un coro de niños, cantan al Señor.
Nuestro Padre es tan bueno, tan noble y generoso.
¡Sus misericordias, son nuevas cada día!
Que si esos padres mueren, habiendo recibido en fé, al Salvador…
Ese cielo de niños, les abrirá sus puertas y en regocijo eterno con ellos vivirán.