Un desasosiego se toma de tu mano.
Recuerdos lejanos, se agolpan en tu mente.
Relámpagos furiosos, muestran tu cielo oscuro,
… y frases destempladas, pugnan por salir.
La lengua no responde con coordinación.
A la paciencia, otrora reina del lugar,
pensamientos mezclados,
la incitan a claudicar, mostrándole razones
que no son de aceptar.
Una loca carrera, la sangre por las venas,
comienza a recorrer.
Las manos se crispan, se cierran y abren,
en muda amenaza.
La mirada, ya no encierra un lago de quietud,
se ha vuelto un mar oscuro, con olas tempestuosas…
que no besan la playa, la muerden sin piedad.
Todo el cuerpo esta tenso, como flecha en su arco,
lista para accionar.
Cuando esto sucede…
es un síntoma claro, que el pecado de ira,
te quiere controlar.
Antes que pase a más, entrégaselo a Dios.
El nos ama, conoce nuestra debilidad!
Démosle todo a El y una calma en amor,
bañara nuestras vidas.
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