COLOQUIOHe traspasado montañas y pasado siete mares, hasta llegar a tu casa alma pura, alma mía. Y en las noches de vigilia que tuve yo que pasar, para lograr ese sueño de conocer mi conciencia; y desdoblar mi esencia lejos de mi cuerpo material, tú me acompañaste siempre alma amada, alma pura. Entonces pude volar hasta donde está tu hogar, en las altas dimensiones que muy pocos pueden alcanzar. Atravesamos barreras y también las dimensiones, cuando con mil emociones llegamos donde se encuentra, tu angelical dulce lar. Ahí conocí yo a Dios junto a los iluminados... y esos recuerdos grabados llevo hasta hoy en mi ser. Y después de largo tiempo de estar los dos en el cielo, me trajiste de tu mano, para ingresar nuevamente, a mi cuerpo material. Desperté impresionado al saber de donde vienes, y para mis parabienes me hice auténtico de verdad. Y este vedado misterio a mis ojos se abrió, cuando me mostraste el como poder yo y tú volar, hasta llegar a tu hogar... dulce alma... alma mía. Y en este mismo instante de honestidad muy sincera, quiero yo agradecerte por enseñarme a volar, para poder alcanzar tu mundo y tu hogar, cuando salgo yo a pasear por toda la eternidad. Ernesto R. Ukrow Zapata
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