
EL PESCADOR
Sus manos recias y fuertes,
no descansan cada mañana
que al salir el sol,
hay que echar redes al mar;
saluda al cielo azul
y pareciera que las mismas nubes
le acompañan día tras día;
su piel morena y quemada
nos platican de su vida,
los callos entre sus dedos
nos cuentan de su osadía,
y la fuerza de su mirada
habla de aguas embravecidas.
Empieza a rayar el día
y sus ojos se clavan en el océano,
se arremanga el pantalón
y se limpia la frente...
comienza la ferviente lucha
del tejido de malla y su presa,
de la entereza y su pronta vejez;
empuja su velero al norte
y empieza la búsqueda;
él espera ser bendecido,
deseando regresar a la orilla
y descansar sus costillas...
es su pan de cada día.
By: Olga Maricela.-
D.R. México.-
[HOME][BACK]