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LAS HUELLAS DE LA AUSENCIA

Los recuerdos del pasado presentes están
nuestra casa, encierra de repente voces pequeñas
gritos y alegrías, llantos y tristezas
y quedaron marcadas las huellas de la ausencia.

Salimos del huerto como lámpara sin luz,
con miedo a lo desconocido,
con la duda clavada en el jardín del ayer
y nuestro corazón palpitando, cual reloj sin manecillas
dejando los retoños, desvalidos, en una pesadilla sin querer.

Llegamos a un manantial cristalino, sin saber beberlo
con caminos brillantes y casas blancas que invitaban a vivir
pero un estremecimiento, sobrecogía nuestra alma
¡No sabíamos si regresaríamos juntos al nido,
donde los polluelos, sin nuestras alas habían quedado!.

Y llegaron nubes blancas, y árboles que se deslizaban
para dar el toque mágico, y hacer que vuelva la mañana
y regresara de nuevo el dueño del jardín, con su fuerza,
disfrutando y respaldando la rosa, y sus tiernos brotes.

¡Y lo logramos!

Regresamos de vez en cuando a nuestra casa vieja
y sentimos que entramos a otro espacio, a otra vida
y volvemos a pasear, por donde conocimos el amor y el placer
y nuestros retoños ríen al recordar sus bicicletas, sus caídas
sus rodillas raspadas, su llanto buscando mi regazo.

No hay duda que la mano de Dios, siempre está con nosotros
nuestros retoños, han dado sus brotes, adornando el jardín
encendiendo la lámpara que un día apagada estuvo
quedando solo los recuerdos de la ausencia, del eco de la casa
que un día hospedó, una etapa de nuestra vida.

 

Autora: Cristina Bonilla



 

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