Cuanta comedia
Es el río que cambia mi dolor
en sollozos y en crueles agonías
al recordar las tardes que venías
dejando en mis manos, cálida flor.
Su fragancia me vencía en calor
ignorando, que en tu alma otra tenías,
al pregonar que a ella pertenecías…
perdiendo, marché sumergida en sopor.
Se va lentamente la pasión
insensato, ¡cuanto duele mi Dios!
¡Cuanta comedia, no hay compasión!
Sin versos, ten consideración
riega la semilla del adiós
hipócrita, que desilusión.
Cristina Bonilla