Las horas
que te entrego
En la ingenua palidez de tu semblante,
se esconde a flor de piel esa ternura;
Que absorbe de tu amor a cada instante,
la dulce sencillez de tu hermosura.
En el cuerpo contorneado, recreo yo mi vista,
con mis manos y paciencia... recorro yo tu piel;
En ella dejo el tacto consumido por la dicha,
y cada vez te hago... con mi tacto más mujer.
Las horas que te entrego, marcadas han quedado,
son ellas en mi vida... el tiempo que se fue;
Por eso tu sendero ira junto a mi camino,
hasta el infinito... de cada amanecer.
Eduardo Grau
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