Dame una esperanza
Busco en el alivio de mis penas,
soportar esos tormentos que a mí llegan;
Como crueles espinas que se aferran,
provocan las heridas que en mi dejan.
En la cruda realidad de la ignominia,
muere sin querer la inspiración;
Se pierde de las rosas el aroma,
y el perfume que nos llena de ilusión.
A lo lejos veo la luz resplandeciente,
que en el vasto firmamento se quedó;
Parece que del cielo, el sol poniente,
solo mira contemplando mi dolor.
Siento en mi conciencia la esperanza,
cautivando y absorbiendo mis heridas;
Comprobando en cada huella de mis pasos,
que Él me quiere, aunque mi alma esté perdida.
Dame Dios en cada una de esas penas,
el alivio que requiero con templanza;
No me dejes olvidado en el rebaño
solo dame, por favor... una esperanza.
Eduardo Grau
junio de 2004