Para siempre
Con la luz que reflejaron
de tus ojos la alegría,
a mi alma digna y noble
en esclavo convertían;
Y con la tierna sencillez
entre la brisa me decías,
que en tus bellos ojos pardos
para siempre yo estaría.
Acaricié tus manos
con especial ternura,
y con ese suave tacto
me abracé yo a tu cintura;
y sutilmente deslizando
mis dedos como espigas,
sentí yo las delicias
de tu piel, que en mí se abriga.
Al levantar mi frente
pude ver en tu sonrisa,
los ardientes sentimientos
que me llegan tan deprisa;
y sellando con mis labios
te inundé toda de besos,
que jamás se olvidarán
de momentos como estos.
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