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Recuerdos

Ahora el sol brillo en mi cielo.
Siento vibrar el corazón
y al vestir de la noche
que llega en la ilusión
fantástica de los sueños,
el pensamiento llama a tu son
y el cuerpo invita al descanso…
No estás, llora el corazón.

¿Dónde está, pregunta el alma:
la flor risueña que perfumó mi estancia
en la cortedad del tiempo y me dio calma?
¿Dónde estás tú con la fragancia
exquisita del jardín amado?
¿Dónde está la sublime esencia
que cautivó mi ser y embriagó mi olvidado
corazón que, quedo por ti, espera?

¿Dónde estás ignota dama dulce, que brindas
a desdén de la distancia, sueños de cuna,
y me niegas tu regazo y las caricias
que nacieron en la alcoba en una noche:
ofreciendo gozo y alegrías?

¿Dónde estás amor, para quién es tu encanto
tu sonrisa, tu perfume, tu juvenil canto ?
¿Quién es la causa de tus alegrías infinitas?
¿Quién es la causa de tus níveas sonrisas?
¿Quién el motivo de tu felicidad ahora,
en el nacer de una noche con sus todos y sus nadas,
cuando mi alma te reclama hora a hora?

Me quedo con la interrogante en los labios
y el corazón que desespera…
Me quedó con tu despedida
recordando cada beso, que al nacer la primavera,
me regalaste tierna y queda
en la gran ciudad, en la habitación austera.

Me quedó con el calor de tus manos
en la calle tumultuosa o vacía
y con la sonrisa de niña en la estación,
con mi soledad de vuelta a la monotonía
de la rutina y la cruz del día.

No sé si otra vez, en un algún instante,
gozaré de nuevo de tus encantos con sus flores;
si en la multitud, entre sueños e ilusiones,
puedas amarme, o talvez sin ti, en silencioso llanto,
viva la tétrica soledad de soledades:
Estar solo, amarte y no tenerte…

Joselito Fernández Tapia


 

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