Mi Dulcinea
Céfiro impune que
en tu piel recae,
hundiendo su boca,
en tu boca suave.
Yo te miro y pienso
¿cómo he de tocarte?
si él con su largo lienzo
libre es de atraparte.
Juega con tu cuerpo
y te sientes complacida,
levantas tus brazos
y caes ante él, rendida.
Impávido te miro
y paso por tu lado,
tus ojos no me miran
me siento derrotado…
Y si fuera yo huracán
que atropelle tu hermosura,
¿Vendrías cual vendaval
a entregarme tu dulzura?
¿Y si mi ósculo sediento
no encuentra boca alguna,
ni gozo ni sentimiento
ni alegría ninguna?
¿Si antes de tenerte
te pierdo en el intento?
¡ Habré de enloquecerme
de amor por ti sufriendo!
¿Será que mi cordura
nunca he rescatado,
que prefiero al céfiro
correteando a tu lado?
¿Será que Don Quijote
se escapo de Cervantes,
y tú mi Dulcinea
no me quieres como antes…?
A: Mirta Lílian Cordido