Solo, Martirio…
Que acalle este silencio
que a mis oídos aturde,
y cae sobre mi cuerpo
cuál furiosa urbe,
penetrando en mis sentidos
perforando mi alma,
¡Robándose sin consuelo
lo que me queda de calma!
Ya no quiero pensar
pues pensando enloquezco,
ya no encuentro razones
ya no encuentro pretextos,
las salidas se obstruyen
las entradas son más,
¡De mi alma soy preso
y no encuentro la paz!
Dónde están esos ojos
de aquel amor sereno,
que abandone en el camino
bajo un sol de enero,
y vagabundo ando
entre tinieblas solo
¡en busca del brillo
de aquél divino tesoro!
Trueco este silencio
por el ruido sonoro
de aquellos besos ardientes
que en mi tristeza evoco,
y ahora que no los tengo
tarde y arrepentido,
¡Sólo me queda el recuerdo
de cuán feliz he sido!
Que nadie cometa el error
que sin querer yo he vivido,
pensé que no la quería
y la deje en el camino.
Ella se fue llorando…
Yo, sentí un alivio…
¡Ella encontró consuelo!
Y yo… ¡sólo martirio!
A: Mirta Lílian Cordido