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En alguna casa común una abuelita vive con su hijo, su nuera y sus nietos, Mima como de cariño le llamaban los niños a la abuela ya cumplió sus 90 años, y como todo envejeciente a esa edad ya no puede valerse por si misma, ya necesita los cuidados que necesita un niño chiquitico, necesita la ayuda para su aseo, su alimentación y sobre todo abuela Mima necesitaba el amor de su familia en el ocaso de su vida.
La nuera y su hijo trabajan por lo que una enfermera cuida a Mima durante el día, en la noche la atiende la familia, hay tres niños chiquitos que necesitan en la casa el mismo cuidado de Mima, por lo que los padres deciden darle de comer a la abuela aparte, ya que a Mima le tiemblan las manos, bota la sopa fuera del plato y no es un buen ejemplo a emular para que aprendan a comer solos los niños, la abuela derrama la leche al piso, suena demasiado la boca al comer inclusive ya ha roto varios platos de la delicada vajilla, así deciden su hijo y la nuera poner a la abuela en una mesita retirada en el comedor y servirle en un tazón de aluminio viejo, mientras la familia come unida en la mesa grande familiar en la que un día la abuela servia los mejores manjares que confeccionaba con tanto amor para la familia.
Abuela Mima tiene en esa mesa la mirada lánguida y dentro de ella una tristeza indescriptible por la soledad que en medio de todos siente, solo refleja su dolor con alguna lagrima que se escapa entre cucharada y cucharada, se le confunden con la baba, con las lagrimas y la sopa, nadie le nota, solo su nieto menor el de 5 años que hace días pregunta a sus padres porque abuela come en la nueva mesa chiquita, sin recibir respuesta alguna, solo se miran uno al otro los padres cansados mientras el niño hace una y otra noche la consabida pregunta.
Un día feriado donde estaban todos en la casa el padre observa al niño jugando con un pedazo de madera, martillo y clavos, en la terraza, a lo que el padre pregunta:
_ Que haces Adrián, con tantos juguetes, porque juegas con madera, mi martillo y mis clavos?
_ Adrián sonrió con ternura y responde, papá estoy aprendiendo desde ahora como hacer un tazón en madera y una mesa chica para darles de comer a ti y a mama cuando estén viejitos como abuela Mima...
La madre de lejos observaba y de pronto ambos se miraron, y se fueron conmovidos hablar a la alcoba, esa noche eliminaron la mesa en que relegaban la abuela, esa noche tomaron con amor la mano de Mima y la trajeron de regreso al comedor, Adrián junto a sus hermanitos sonreía y aplaudía de que Abuela Mima estuviera de vuelta en la mesa grande, la envejeciente mezclaba nuevamente las lagrimas con la sopa pero esta vez lloraba de alegría y el sabor del alimento ya no era tan salado...
* Las etapas de la vida nos dan la bienvenida a todos seamos hijos y nietos orgullosos y agradecidos de cada padre y abuelo que nos enseño a caminar por la vida...
Cariños
Karyanna
12-2000
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