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Ayer caminando por la calle, pasè por lo que un dìa fuè mi casa. ¡Que
gran tristeza sentì! al ver que ya nada queda de lo que albergò mi infancia.
Su gran puerta, la gran sala, y aquel enorme pasillo con su piso como
espejo, que a mi màs me parecìa un cristalino riachuelo, que en sus aguas
reflejaba la cabellera verde de los hermosos helechos.
En verdad era un espejo, ahì jugàbamos de niños mis siete hermanos y yo,
que dolor es ver desierto el lugar de mis recuerdos.
Las recàmaras tan grandes donde de niños soñamos con el Niño Dios tan
bueno, y los regalos de Navidad, casi nunca concedidos.
Y aquella cocina grande, con su ventana hacia el norte, donde por las
Navidades Papà y Mamà cocinaban los riquìsimos tamales y los muy dulces
buñuelos.
Era nuestra cocina, fresquecita en el verano y muy tibia en el invierno,
era el punto de reuniòn de la familia y visitas.
Ahi en derredor de la mesa, hecha por las manos de Papà, se platicaron
las cosas que sucedìan dìa con dìa, algunas de ellas recuerdo,
otras...fueron olvidadas.
Ahì en esa cocina, habìa siempre dispuesta una taza de cafè o un vaso de
agua, dulce y fresquecita, que los amigos bebìan, siempre con una sonrisa.
Ahì en derredor de esa mesa, hubo llantos y risas, pues se festejaron
triunfos y se lloraron fracasos.
Ahì tambièn se quedaron, las ilusiones que de jòvenes tuvimos, ahì bajo
esos muros derribados están las alegrías y las penas de mis Padres.
Ahí en la tierra de tu piso, aún resuenan laos pasos de mis mayores, y
las risas de los nietos...(hoy ya hombres)y los afanes de mi Madre por tener
la casa limpia.
Había en esa gran casa tantos y tantos recuerdos, unos gratos, otros
tristes, como va siendo la vida.
Ahì también se quedó la energía y el amor de mi Madre, y la dulce
comrensión del mas tierno de los Padres.
Habìa casi al fondo de la casa, dos tupidas bugambilias, y a su sombra en
verano, mi Padre leía y leía, y mi Madre con el gancho, tejió muchas
maravillas.
¿ Dónde están tus viejos muros ? ¿ Dónde tus techos de teja ? ¿ Y tus
pisos como espejosm hechos con tantos esfuerzos ?.
Nada queda... solo una pared muy triste y un piso que no es el mismo, una
soledad muy grande que les hace compañía.
Y de aquella casa grande de tan bonitos helechos y tupidas bugambilias,
solo queda en mi memoria el más hermoso recuerdo.
¡ Ay ! que tristeza sentí al ver que ya nada queda, de lo que un día fué
MI CASA.
Por: CARMEN GOMEZ DE CEDILLO
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