Poemas Romances y Amor



LAS SIETE PALABRAS DE JESÚS EN LACRUZ

¡Jesucristo, Dios Y hombre! Que al mundo llegaste
como límpido sol que se derrama en las cumbres
gota a gota tu divina sangre derramaste
fiel a tu padre, para redimir a los hombres;
coronado de espinas se apagó tu vida en la cruz
tu voz quedó encendida, en siete palabras de luz.

Los grandes labios que abrió tus múltiples heridas
como anchas bocas, de un hambriento y feroz animal
tu corazón trocó en ojos de tiernas miradas
y en delirio de humildad y dulzura paternal
tu voz clamó al cielo, sentimientos que enternecen :
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”

amando a todos por igual, sin mirar sus rostros
ignoraste al mal ladrón, que con ironía gritó :
¿no eres tu el cristo? Pues sálvate a ti y a nosotros...
viendo que su vida se extinguía cual hechizo
el buen ladrón pidió tu reino, y tu voz le calmó :
“Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Ante el dolor de tu madre, y Juan tu fiel amigo
que a tus pies derramaban su llanto prolijo
cual naciente sol que se desprende de su abrigo
alumbró tu ternura: “Madre, he ahí a tu hijo”,
y en sublime consuelo, de amoroso padre
señalaste a tu discípulo :“Hijo, he ahí a tu madre”.

La tiniebla confundió la tierra con el cielo
los que se burlaban, a mediodía callaron
un silencio impresionante habitaba el suelo
ya en la hora novena, suplicantes se escucharon
tus palabras de lamento y dolor apesumbrado :
¡Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?.

Tu fuerza celestial soportaba firmemente
el inmenso calvario que lastimaba tu ser
pero tu cuerpo de hombre, sucumbió finalmente
ante el dolor que conmovía al mismo atardecer...
el desierto de tu vientre te imploraba ¡Bebed!
entonces tu voz agónica clamó : “Tengo sed”.

¡Inminente! El candil de tu existencia se apagaba
al correr del tiempo que sigiloso pasaba
en el abismo insondable de tu agonía
tiñendo el suelo con tinte de melancolía
nuevamente, tu clamor surcó el cielo tisú :
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

La tarde caía lenta, envuelta en si misma
un tormentoso dolor consumía tu vida
en esfuerzo supremo, mostraste tu carísima
y enlutando el alma de tu madre bendecida
tu voz serena y entrecortada a la vez...añadió :
“Todo está consumado”... y tu corazón expiró.

Cual temporal que provoca un súbito oscurecer
la tierra tembló, el velo del templo se rasgó en dos
los que guardaban a Jesús empezaron a temer
y dijeron : verdaderamente este era el hijo de Dios...
¡Amemos a Jesús, él nos salvó muriendo en la cruz
¡Honremos a Jesús, y no habrá oscuridad sin luz.

By : Paúl Torres A.
HUARAL - PERU

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