I
Cada primavera
a través de mi ventana
siempre contemplaba
la hermosura de un rosal.
Yo vi
cuando de una de sus ramas
comenzaba a brotar una rosa
delicada tierna y perfumada
se abría lentamente,
llena de esplendor.
Era todavía capullo,
no conocía mucho del sol
pero vientos perversos,
deshojaron aquel capullo
con despiadada fuerza.
De capullo en rosa se convirtió.
II
Se tendría que escribir un libro,
para narrar la vida de la rosa
pasaron tempestades, tormentas
pero la rosa siempre firme,
se mantenía pegadita de su rosal
Por el día el cielo le sonreía,
por las noches solo la luna era testigo,
de todas las lágrimas de la rosa.
Cada uno de sus pétalos
vertía lágrimas de dolor.
III
Hasta que en un memorable verano,
apareció un hermoso clavel.
El clavel enamoro a la rosa,
todo era alegría todo era esplendor,
la rosa se alimentaba del amor del clavel.
No falto la envidia de esas flores silvestres,
de aquellas que crecen en cualquier jardín,
aquellas que son hermosas por fuera,
el clavel como siempre haciendo gala de su hombría
se dejo seducir de los colores de ellas
Se quedo sola la rosa, de sus pétalos solo brotaban
nuevamente lágrimas de dolor.
IV
Ha pasado la primavera, ya termina el verano,
y no he visto a la rosa pegadita de su rosal.
Dice la gente que solía admirar a la rosa,
que de amor la rosa murió.
Autor: Mary Torres_derechos reservados