Poetisa uruguaya, su nombre de pila era Juana Fernández Morales, pero al contraer matrimonio, adopta el apellido de su esposo y asi se le conoce en el mundo literario como Juana de Ibarbourou. Nació en el pueblo de Melo, provincia del interior de Uruguay, en 1895. Por su exquisita poesía el congresoo de su patria la proclamó "Juana de América" .

Su obra se desarrolla con un ritmo armonioso, un amor ingenuo y transparente, excento de tonos dramáticos y angustiosos. Su unica inquietud es la muerte. En las obras que muestra mayor musicalidad y contenido son "Raíz salvaje", "las lenguas de diamante", "la rosa de los vientos" y "el canto fresco".

Al acercarse al otoño de su vida, su voz adquiere leves tonalidades grises. El estro poetico de "La rosa de los vientos"-1930- es una etapa distinta en el camino, hasta ayer ilusionado.

Juana de Ibarbouru, sensual y apasionada, imprimió a sus poemas un erotismo que constituye una de las vertientes capitales de su esplendente producción. Esta autora pertenece a la etapa del modernismo.



EL NIDO

Mi cama fue un roble
Y en sus ramas cantaban los pájaros
Mi cama fue un roble
Y mordió la tormenta sus gajos.

..... Deslizo mis manos
Por sus claros maderos pulidos,
Y pienso que acaso toco el mismo tronco
Donde estuvo aferrado algún nido.

.... Mi cama fue un roble.
Yo duermo en un árbol.
En un árbol amigo del agua,
Del sol y la brisa del cielo y el musgo,
De lagartos de ojuelos dorados
Y de las orugas, de un verde esmeralda.

.... Yo duermo en un árbol.
¡Oh, amado!, en un árbol dormimos.
Acaso por eso me parece el lecho
Esta noche, blando y hondo cual nido.

.... Y en ti me acurruco como una avecilla
Que busca el reparo de su compañero.
¡Que rezongue el viento, que gruña la lluvia!
Contigo en el nido, no sé lo que es miedo.

... ¡Qué tristeza de muerte! ¡Qué las negras de queja
Brotarían entonces! ¡Qué alas negras de queja
En lugar de las alas transparentes de abeja!

AMOR

El amor es fragante como un ramo de rosas.
Amando se poseen todas las primaveras.
Eros trae en su aljaba las flores olorosas
De todas las umbrías y todas las praderas.

... Cuando viene a mi lecho trae aromas esteros,
De salvajes corolas y tréboles jugosos,
¡Efluvios ardorosos de nidos de jilgueros
Ocultos en los gajos de los ceibos frondosos!

.... ¡Toda mi joven carne se impregna de esa esencia!
Perfume de floridas y agrestes primaveras
Queda en mi piel morena de ardiente transparencia.

.... Perfumes de retamas, de lirios y glicinas.
Amor llega a mi lecho cruzando largas eras
Y unge mi piel de frescas esencias campesinas.

LA SED

Tu beso fue en mis labios
de un dulzor refrescante.
Sensación de agua viva y moras negras
me dió tu boca amante.

... Cansada me acosté sobre los pastos
con tu abrazo tendido, por apoyo.
Y me cayó tu beso entre los labios,
como un fruto maduro de la selva
o un lavado guijarro del arroyo.

... Tengo sed otra vez, amado mío.
Dame tu beso fresco tal como una
piedrezuela del río.

SUPREMO TRIUNFO

Estoy ahora impreganda toda yo de dulzura.
Desde que me besaste, toda yo soy amor.
Y en la vida y en la muerte, en lecho y sepultura,
ya no seré otra cosa que amor, amor, amor..

.... En la carne y en el alma, en la sombra y en los huesos,
ya no tendré mas nunca otro olor y sabor,
que el sabor y perfume que he absorbido a tus besos;
me has dado una fragancia, tersa y viva de flor.

... Hasta el último átomo de mi piel es aroma,
¡Oh mortal podedumbre, te he vencido tal vez!
Eres mi hermano ¡Oh lirio! Eres mi hermana ¡Oh poema!
Desde que él me besará, rosa mi cuerpo es!

AMÉMONOS

Bajo las alas de este laurel florido
Amémonos. El viejo y eterno lampadario
De la luna ha encendido su fulgor milenario
Y este rincón de hierba tiene calor de nido.

.... Amémonos. Acaso haya un fauno escondido
Junto al tronco del dulce laurel hospitalario
Y llore al encontrarse sin amor, solitario,
Mirando nuestro idilio frente al prado dormido.

... Amémosnos. la noche clara, amorosa y mística,
Tiene no sé qué suave dulzura cabalística.
Somos grandes y solos sobre la haz de los campos.

... Y se aman las luciérnagas entre nustros cabellos,
Con estremecimientos breves como destellos
De vagas esmeraldas y extraños crisolampos.

EL DULCE MILAGRO

¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos y en ellas,
¡Oh, gracia!, brotaron rosas como estrellas.

... Y voy por la senda voceando el encanto
Y de dicha alterno sonrisa con llanto
Y bajo el milagro de mi encantamiento
Se aroman de rosas las alas del viento.

.... Y murmura al verme la gente que pasa:
-¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
Y las va agitando como mariposas!

... ¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
Un milagro de éstos y que sólo entiende,
Que no nacen rosas más que en los rosales
Y que no hay más trigo que el de los trigales!

... Que requiere líneas y color y forma
Y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: Voy por la dulzura
De inmediato buscan a la criatura.

... Que me digan loca, que en celda me encierren,
Que con siete llaves la puerta me cierren,
Que junto a la puerta pongan un lebrel,
Carcelero rudo, carcelero fiel.

... Cantaré lo mismo: -Mis manos florecen,
Rosas, rosas, ross a mis dedos crecen.
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia,
De un inmenso ramo de rsas de Francia!

COMO LA PRIMAVERA

Como un ala negra tendí mis cabellos
Sobre tus rodillas.
Cerrando los ojos su olor aspiraste
Diciéndome luego:
- ¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos?
¿Con ramas de sauces te atas las trenzas?
¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras
Porque acaso en ellas exprimiste un zumo
retinto y espeso de moras silvestres?

¡Que fresca y extraña fragancia te envuelve!
Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas.
¿Qué perfumes usas? Y riendo, te dije:
-¡Ninguno, ninguno!

.... Te amo y soy joven, huelo a primavera.
Ese olor que sientes es de carne firme,
de mejillas claras y de sangre nueva.
¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo
Las mismas fragancias de la primavera!

Salvaje

Bebo del agua limpia y clara del arroyo
y vago por los campos teniendo por apoyo
un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido
que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido.

Así paso los días, morena y descuidada
sobre la suave alfombra de la grama aromada,
comiendo de la carne jugosa de las fresas
o en busca de fragantes racimos de frambuesas.

Mi cuerpo está impregnado del aroma ardoroso
de los pastos maduros. Mi Cabello sombroso
esparce, al destrenzarlo, olor a sol y a heno,
a salvia, a hierbabuena y a flores de centeno.

¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena,
cual si fuera la diosa del trigo y de la avena!
¡Soy casta como Diana
y huelo a hierba clara nacida en la mañana!

Olor frutal

Con membrillos maduros
Perfumo los armarios.
Tiene toda mi ropa
Un aroma frutal que da a mi cuerpo
Un constante sabor a primavera.

Cuando de los estantes
Pulidos y profundos
Saco un brazado blanco
De ropa íntima,
Por el cuarto se esparce
Un ambiente de huerto.

¡Parece que tuviera en mis armarios
Preso el verano!
Ese perfume es mío. Besarás mil mujeres
Jóvenes y amorosas, mas ninguna
Te dará esa impresión de amor agreste
Que yo te doy.

Por eso, en mis armarios
Guardo frutas maduras,
Y entre los pliegues de la ropa íntima
Escondo, con manojos secos de vetiver.
Membrillos redondos y pintones.

Mi piel está impregnada
De esta fragancia viva;
Besarás mil mujeres, mas ninguna
Te dará esta impresión de arroyo y selva
Que yo te doy.

La espera

¡OH, lino, maduro, que quiero tejer
Sábanas del lecho donde dormirá
Mi amante, que pronto, pronto tornará!
Con la primavera tiene que volver.

¡OH, rosa, tu prito capullo despliega!
Has de ser el pomo que arome su estancia,
Concreta colores, recoge fragancia,
Dilata tus poros que mi amante llega.

Trabaré con grillos de oro sus piernas.
Cadenas livianas del más limpio acero
Encargué con prisa, con prisa al herrero
Amor, que las hace brillantes y eternas.

Y sembré amapolas en toda la huerta.
¡Que nunca recuerde caminos ni sendas!
Fatiga: en sus nervios aprieta tus vendas.
Molicie: sé el perro que aguarde la puerta.

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