La suave y fresca brisa de la altura
de este balcón, donde el ingenio aguza
y apunta, de un poeta, hacia su musa,
y una cuarteta es inspirada con premura.
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Mas no es la altura, ni la brisa, ni nada
lo que inspira al poeta. Esta terceta
se inspira en los niños que allí juegan.
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Que al correr, con su cántico, manejan
la mente al escritor, que es quien esgrime
la pluma con que escribe su madeja.
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Se mantiene extasiado; sin molestias; sin pelea.
Sin que los niños turben pensamientos;
muy al contrario: estimulan sus momentos,
y en el papel, una canción de infantes se moldea.
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Y se sorprende él mismo.... cuando en aquella
ambigüedad de pensamientos tan distantes
se plantea: “Siempre fue la mujer mi inspiración..!
Hoy: la risa de los niños..! ¿..O sería ella...?
Por: Rafael Angel Cortés