Mujer sagrada…


 
Bajo la tenue luz que despedía la estancia
pude ver, enmarcado, ese rostro divino
de mujer, que posees, con sutil elegancia
y que hierve en mi sangre como un dulce destino.
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Un mar embravecido con esparcidas aguas
forman máscaras tristes de un sordo peregrino.
Nos separan austeras, pero enormes, distancias,
como enjambre de grises cenizas de un olvido.
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Cautivado y cautivo, vuelo sin merecerte,
como vuelan las hojas, como vuela el sonido;
como vuelan los vientos, sin destino aparente,
refrescando el ambiente, aunque ya se haya ido.
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Mas es puro mi empeño y mi intención muy sana.
Para mí eres sagrada, como el agua bendita;
sagrada como un manto de un bello escapulario;
cual las arcas plateadas de oración infinita.
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¡Como sagradas cuentas… de un bendito rosario!


Por: Rafael Angel Cortés

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