Fue allí, bajo las sombras de un frondoso mango,
bajo una tarde roja, trémula de nostalgia,
con nubarrones tristes, que sin tregua lloraban
la pérdida de luz… del sol de la mañana.
*
Allí… donde pintaba aquel paisaje triste,
te imaginaba en mi nostalgia eterna.
Ese rostro sutil, de inmaculada virgen;
esa imagen sensual, que desespera.
*
Un tenue parpadear… por mis enjutas lágrimas.
Sacudí el lagrimero que, sin medir, rebosa.
Se mostraban, pasibles, tus perfiles de diosa,
en mi atrofiada mente, con precisión de báscula.
*
Hoy que mis mustios ojos, con su mirada lánguida,
te buscan, infructuosos, y se quedan sin verte,
lloran desconsolados, entre imágenes pálidas
y enrojecen en ansias… ¡desesperadamente!
*
Hoy siento mi mirada, cual mirada de muerte.
Y la muerte la siento… ¡muy cerca a tu mirada!
*
Por: Rafael Angel Cortés