Un día cualquiera, cuando menos lo esperes,
nuestros ojos chocarán con el estruendo de dos trenes
y nuestras bocas húmedas se romperán
en un interminable beso, lleno de ansias, de pasión y
de deseo. Tu cintura sentirá el suave apretón de mis
brazos, atrayéndote suavemente hacia mi cuerpo; y
sudarás por el calor que emito, mientras te abrazo
con amor. Sentiremos los dos cuando desborde sin
control la magma hirviente que llevamos dentro, y
que el tiempo se ha encargado de su ebullición
desenfrenada, sin término, sin espacio, sin fronteras;
no habrán pétalos deshojados sobre el suelo; sólo
charcos repletos de néctar de amor; de nervios, de
pasión desmedida. Lo sentiremos sin ver, porque
aún nuestros ojos seguirán cerrados, para no
despertar de lo que sería un sueño...un ideal, pero
será real; será cierto... y será nuestro. Y al final,
cuando abramos nuestros ojos, estarán tan cerca,
como fundidos, porque aún nuestras bocas estarán
enlazadas en el beso del comienzo, que no ha de
terminar ni allí ni nunca; y caeremos rendidos,
como dos niños grandes que nunca antes se vieron.
Y no despertaremos; preferiremos morir
en el ensueño de esa pasión; apretaremos aun más nuestras bocas;
y los ojos nuevamente cerraremos;
para que el éxtasis de nuevo nos envuelva...
para empezar de nuevo!
Por: Rafael Angel Cortés