Es casi imposible albergar otro cuerpo en mi propio refugio, cuando el espacio que ocupa mi sentir se reduce en cada lágrima que resbala ... y no cesa.
Esta historia se parece tanto a mi vida, que una vez cegaron sin poder darme cuenta de la herida que dejaba el tiempo, ni del soplo que volcó mi alegría. Se parece tanto a esas noches, que me daban la certeza de creer en lo que siento, y espantada de mí el temor de ignorar el fracaso.
Todo empezó como si de pronto una voz tocara mi hombro y tras un suave giro se posara un encuentro en mis ojos y anudara de silencio los sentidos. Desde entonces supe que aquel parque quedaría preso en mi memoria.
Ese cuarto día de la semana me pasó lo inesperado, luego de una tarde sombría que para entonces, sólo era propicia a la casualidad disfrazada del destino.
Era ella, la mujer que vagamente recordaba de algún rincón de la ciudad. Tan común a su estilo; de traje negro apretado y un saco blanco acorde con el dije que dormía sobre su pecho; esto, sin mencionar el enigma que envolvía su mirada, por momentos perdida. Estaba seguro de saber por qué no podíamos vernos los ojos frente a frente, pues la tentación de ignorar el tiempo mientras brotaban las preguntas ... se veía venir.
Me enredó sin notarlo la angustia de volver a verla, mientras por dentro salpicaban chispas que encendían poco a poco el cristal de mi alma y apagaban de un rayo las heridas de un pasado.
Lo recuerdo todo. Sus amenas charlas que duraban horas sólo eran nuestras, no había tema alguno que despeje un instante el pensamiento del otro, no sabíamos de despedidas y poco importaba que llegase la noche. Lentamente el silencio parecía inocente.
Me atrevo a decir que después de algunos días mezclados de encuentros y llamadas, me envolvía la duda de saber si fue ella o fui yo, quien hizo de un momento sin el otro .... la distancia para extrañar (vaya que funcionaba) ... empezaba a quererla.
Yo travieso con las palabras me acercaba un poco más, hasta lograr pintar su silueta en mi papel, y oscurecer de intimidad las emociones para "perder la dirección de mis manos", a base de música ... y poesía.
Le regaba cada noche más que piel y presencia del talento que nace en mis manos con tan sólo extrañarla, o del beso que soñaban despiertos los sueños que acababan semiocultos en la sombra de la noche. Le regaba tanta caricia al decir su nombre ... Me regó de melodía la voz entre tanto silencio, y le dije mil palabras con decirle ... "cuánto te pienso".
Me enamoré de ella mutuamente y paralelamente a todo, disfrutaba de su cuerpo despojado de ropaje y abrigado con el mío. Resultó sencillo que aprendiera el idioma que dominan mis manos, o de cada susurro que su voz liberaba me arañase el grito de sentirse amada, cubriendo de la noche que llevo dentro cada uno de sus latidos convertidos en vibraciones.
Jamás alguien había besado su cuerpo entero de un solo respiro, ni dejó tatuada la pasión que en mi cama parecía callada y a la vez ... tan tentadora; cada poro de su piel se le abría a mi llamado y mientras tanto; dilataba mi corazón, el momento de vivirla, su mirada nocturna, esa lluvia que resbala y dos voces casi cortadas.
Pasó todo y con eso digo, que mi vida a su lado no siempre fue noche. Compartíamos una risa y secábamos un llanto.
Era todo perfecto ... Desayunos en la cama con un jugo de sonrisas, pasatiempos de limpieza que raramente era un juego; el almuerzo ... una locura! me corté más de un dedo por culpar a la cebolla de mi llanto que era alegre, y ella muerta de risa lo sanaba de un : "te quiero";
y la cena ...todo un eclipse !
Así llegaron los meses como llegan estaciones que lo cambian todo, tan sólo para dar vida, tan sólo para darla ...
Me fue difícil cegarme de vez en cuando a la costumbre que un tercero ignorase lo que nació cuando él no estaba. Dueño de un sentimiento que ya lo había perdido, dueño de prepotencia y soledades sin ser ajenas, dueño de un mundo que para ella era asfixiante, dueño de una promesa que para hoy sé ... fue cierta, y aún no la entiendo ...
He pecado porque siento que te alejas, sin saber como duele, escuchar el rumor que la gente va de prisa a tu encuentro y el eclipse de nosotros probablemente acabe. De gala visten los niños que soñé a tu lado, y hasta la luna me mira triste ... que de gala regresó a mi llamado.
Y he pecado tanto ...
Ahora , ahora que donde clave mis ojos rojos por tanto recuerdo y se hace más fuerte mi puño por sentir la impotencia que pretendo quebrarla, sé que a pesar de todo y a pesar de nada, el sólo pensar mi nombre la empapa y desearía acabar la espera, a cambio de matar mi agonía.
Que irónico es pensar que lo que siento perdido, me pertenece más que a todos; y aquello que hemos ganado en tan poco y tanto tiempo, se desvanece hoy al cruzar dos anillos; y a la pregunta : ¿ qué hacer ?, se le presentan mil respuestas ... y tan sólo una se aproxima.
Quizá, pensando en este amor que a los dos quema fuerte, quizá esta noche haga una locura, por no querer perderte ...
Y he de pecar tanto , porque siento que te alejas ... y hoy te llevo conmigo.
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Sergio Carrillo /Argentina.
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